¿Tormenta inoportuna?

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Relato Nº 9 y finalista de la Primera Edición del Concurso de Relato Erótico «DENTRO DE TI»

¿Tormenta Inoportuna?

Mi nombre es Laura, cuando sucedieron estos hechos, tenía 36 años y dos hijos, mi vida transcurría totalmente
anodina. Mi marido, Ramón, con los años y su forma de vida sedentaria, se había engordado y yo diría que
atocinado, si alguna vez había tenido algún atractivo, ya se le había esfumado.

El placer sexual en mi matrimonio, había desaparecido, todo era rutina y aburrimiento. Me consideraba una mujer
resignada e incapaz de tener ni saber lo que era un orgasmo.
– Qué lejos estaba de imaginar lo que el destino me tenía reservado -.

La tarde en que comenzó todo, fue a comienzos de la primavera, llevé a los niños al barrio donde tenían las
actividades extraescolares, los dejé en la clase y como siempre me fui caminando hacia un parquecito cercano.

Me apetecía pasear y leer un rato sentada en un banco, era una manera de hacer tiempo hasta volver a recogerlos.

No había andado algunos metros cuando repentinamente se desató una fuerte tormenta inoportuna, me cogió desprevenida
y no pude evitar mojarme con las gruesas gotas de lluvia, la blusa amarilla quedó empapada, siendo inevitable
la transparencia que ello provocó, dejando a la vista todo el contorno de mis pechos cubiertos por un sujetador
negro de blonda.

La tormenta pasó enseguida y el sol volvió a brillar.

Me sentí avergonzada por como quedé expuesta y sin saber que decisión tomar.

De pronto recordé un cine de barrio cercano, por cuya puerta había transitado bastantes veces,
pero al que nunca me pasó por la cabeza entrar, me pareció que podía ser el lugar perfecto para secarme y dejar
correr el tiempo; estaba cerca, así que sin pensarlo más, me dirigí a él.

El cine tenía un aspecto rancio, era muy evidente el deterioro que con el paso del tiempo había experimentado.
Con obligada decisión, pagué la entrada y penetré al interior, la oscuridad era casi total, traté de adaptar mis ojos
distinguiendo muy pocos espectadores.

El aroma de ambientador mezclado con el olor a viejo creaba una atmósfera extraña.

Cuando mi visión se aclimató, me acomodé en una butaca céntrica. A mi alrededor no había nadie, eso
me dio seguridad y me dispuse a dejar transcurrir el tiempo.

La humedad seguía incomodándome y provocando algún escalofrío, en la pantalla pasaban reportajes de películas que iban a poderse ver próximamente.

Me resultaron llamativos debido a que todos ellos tenían una temática erótica. Títulos tales como: Delicias turcas, Emmanuel,
Historia de O, etc.etc., -la taquillera me había entregado un prospecto donde se anunciaba: ciclo de cine «vintage
erótico».

Comenzó la proyección; el título era: «Danesas del placer». Pensé, que sería un bodrio aburridísimo, pero
sorprendentemente, poco a poco fue captando mi atención. La película giraba en torno a una historia de cuernos.

Recuerdo morbosamente, la escena en que una pareja hablaba con otra en un restaurante y el marido de una
de las mujeres, por debajo de la mesa, iniciaba una serie de tocamientos en las piernas de la esposa del otro,
mientras aquella disimuladamente las abría, facilitando el avance de la mano recorriendo sus muslos.

Esa tórrida secuencia despertó en mi interior un enorme interés no exento de excitación.

Fue entonces cuando percibí un movimiento detrás mío, al mismo tiempo que en la nuca sentí un aliento caliente
con olor a menta.

Aquella inusitada situación, me hizo estremecer confundida, quedé inmóvil, hasta que noté un leve roce en mi butaca, mientras que aquel suave jadeo se aproximó más a mi sensible cuello.

Lo que me estaba pasando unido a las eróticas imágenes de la pantalla, provocaba mi excitación y nublaba mi cerebro.

De pronto sentí como sus dedos acariciaban mi pelo, al instante un escalofrío recorrió mi columna vertebral, pero continué
estática y confundida.

El dorso de su mano, de manera casi imperceptible rozó mi cuello, su aliento me quemaba,
ya no sentía frío, sin embargo mis pezones seguían estando tremendamente duros.

La mano se deslizó hacia mi hombro, mientras sus labios acercándose a mi oído me susurraron,
– Me gustas niña, eres preciosa

Debí escaparme, pero no lo hice

Me besó el lóbulo de la oreja y luego lo mordisqueó delicadamente.

Desabrochó el primer botón de mi blusa, abriendo más escote.

Pausadamente siguió con el segundo, mostrando el canalillo de mis pechos.

Sus labios recorrían mi cuello, provocándome oleadas de placer, sus dedos acariciaban el nacimiento
de mis tetas, rozaban los duros pezones que amenazaban con saltar fuera del sujetador.

Cerré los ojos y me
abandoné. Parecía hipnotizada.

Pensé en que yo era una mujer casada con hijos y no debía aceptar lo que estaba ocurriendo, pero mi cuerpo
no respondía a otra cosa que no fuera la excitación y el deseo. Quería terminar con todo aquello, pero
inevitablemente podía mucho más mi afán por eternizarlo.

Me encontraba casi desvanecida de placer, me dolía el clítoris debido a la enorme excitación, de pronto me volvió
a susurrar con voz suave pero autoritaria,
– Cariño, te voy a tapar los ojos y tu solo vas a dejarte llevar, relájate

No contesté y me entregué a sus deseos.

Con un pañuelo tapó mi visión, y trasladándose a mi fila se sentó a
mi lado.

Me pasó el brazo por los hombros y sus labios húmedos se posaron sobre los míos, mi boca se abrió
correspondiendo lascivamente; me desabrochó la blusa totalmente y mientras me pellizcaba un pezón, me ordenó
– Quítate la braga y dámela, – obedecí dócilmente – muy bien nenita, eres obediente.

Me comportaba como una autómata sin voluntad y sin sentir la menor vergüenza de estar abierta de piernas
ante un desconocido.

Cogió entonces mi mano y la llevó hacia su pene, que para mi sorpresa ya lo tenía fuera
del pantalón, me pareció tremendamente grande y caliente, pensé en el de Ramón y no pude evitar el comparar
mentalmente, lo que era un hombre de verdad y un alfeñique.

Me arrancó el sujetador, dejando expuestos mis pechos que con fuertes lametones comenzó a mamar y estirar,
pasaba de uno a otro pezón alternativamente, mientras yo gemía sin poder contenerme.

La mano de aquel hombre bajó con avidez buscando mi entrepierna, comenzó a masajear mi botoncito de placer, que en aquellos
momentos se encontraba totalmente húmedo.

Sus hábiles dedos giraban una y otra vez masturbándolo sin
descanso, de improviso lo apretaba un poquito con dos dedos para luego seguir rozándolo delicadamente, hasta
provocar en mi fuertes espasmos, al mismo tiempo que recibí algo semejante a una descarga eléctrica recorriendo
mi cuerpo y sentí como un líquido viscoso bajaba por mis muslos.

Quedé rendida y jadeando, apenas escuché
su voz cuando me habló,
– Te has corrido pequeña perrita, tienes las aureolas de las tetas inflamadas, se te han cubierto de diminutos
granitos y los pezones están duros como piedras, ahora te toca a ti darme placer, coge mi polla y hazme gozar,
me lo he ganado ¿No crees?.

Siguió masturbándome, mientras yo intentaba pajearle lo mejor que sabía, meneaba su miembro arriba y abajo
sin descanso, deseando proporcionarle el mismo gusto y placer que yo había sentido.

De pronto su cuerpo y su pene se tensaron expulsando aquel caliente y abundante semen que salpicó mis piernas y mano. Me excitó el
olor a sexo que invadió el ambiente y ya no pude aguantar más, me abandoné y otro orgasmo, más fuerte,
incluso que el primero me arrancó lágrimas de pasión.

Quedamos los dos, respirando agitadamente, hasta que pasados unos instantes, hablándome de nuevo al oído
me dijo con tono dominante,
– ¿Has disfrutado verdad?, el miércoles quiero que vuelvas a venir aquí, continuaré con tu adiestramiento.
– Pero soy una mujer casada, estoy avergonzada, mejor olvidar todo – contesté titubeante

Oprimió mi pezón y volvió a decirme de forma imperativa,
– Voy a marcharme, no pretendas saber quien soy, tu volverás cuando yo te lo ordene, pero la próxima vez lo
harás sin bragas, no quiero indecisiones por tu parte, tu vida va a cambiar.

Esa forma de hablarme me turbaba, desató el pañuelo de los ojos al mismo tiempo que me dijo,
– Adiós Laura, no te arrepientas de nada, te aseguro que Ramón merece ser un cornudo.

Al escuchar mi nombre y el de mi marido, quedé conmocionada y confundida; traté de ver su rostro, pero me
encontraba deslumbrada. Giré la cabeza tratando de averiguar quien podía ser, pero cuando pude fijar la vista,
él había desaparecido.

Desconcertada y con olor a semen sobre mi cuerpo, recompuse mi vestimenta y abandoné aquel cine. El aire
cálido de la calle acarició mi rostro, me sentía flotando, como si todo hubiera sido un sueño irreal.

Recogí a los niños y con mi mente navegando en un mar de dudas, volví al «dulce hogar».

Pasados dos días de muchas contradicciones, volví de nuevo al cine, aquel hombre me esperaba y proyectaban
Historia de O.

Dominándome me obligó a meterme en el papel de la protagonista, mi sexualidad a partir de entonces cambió
radicalmente y comencé a interesarme por el BDSM como una forma de vida.

Nunca hubiera imaginado que una «Tormenta inoportuna» diera paso a un mundo nuevo para mi.
Fdo: Ama DANA

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