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Instintos Primarios

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(Tercer Concurso Relato Erótico DENTRO DE TI)

Instintos Primarios

(Relato Número 6)

Por: Nika Rojo

Como siempre hubo una pelea más, pero está vez fue diferente.

Mi cabreo monumental y mi mal genio hizo que diera un portazo y saliera directa a por el coche, conducir siempre me ha relajado. Con el cabreo no me di cuenta ni de vestirme adecuadamente. Llevaba un vestido corto y sandalias planas, tampoco me importa mucho. Meto primera y salgo disparada, dejándolo en la puerta de casa con cara de pocos amigos y moviendo los labios lo que supongo serán insultos hacia mí. Salgo disparada hacia un lugar indeterminado, solo quiero salir de ahí y gritar, en mi cabeza saltan todas las frases perfectas que debí haberle dicho en el momento indicado y mágicamente no me sale ninguna, cómo no!!
Estoy nerviosa y no presto atención a la carretera así que decidí aparcar en un camino de tierra. No sé muy bien dónde estoy pero no muy lejos del pueblo, al menos no hay tráfico ni gente, solo un montón de olivos y un molino de aceite abandonado. – genial, así puedo gritar y desahogarme tranquila- pienso, mientras salgo del coche y me siento en el capó.

Mis ojos se abren espantados – ¿Qué cojones hace aquí? ¿Me ha seguido?

No me lo puedo creer, me ha seguido con la moto cuando me fui.
Se baja y viene directo a mí, estoy preparada para otro asalto y sé lo que le voy a decir, en mi cabeza está claro, no puede controlarme, no puede ponerse celoso
porque me miren, no voy a obedecer siempre, ¡¡eso es!! Lo tiene que aceptar, – me digo muy motivada.
Se acerca y mis piernas empiezan a temblar solo de pensar en lo que se viene encima, va a ser una puta guerra entre dos toros.
No ha dejado de mirarme y viene derecho a mí. Me coge de la nuca y me besa. Éso no estaba en mis planes, así que le suelto un bofetón, que ¡cómo no! Él me
devuelve y me espeta un – no me provoques más- con voz dura y apretando los dientes, que hace que mis bajos se contraigan, mi cuerpo se erice y mi cerebro
grite- más, más, más – mi masoquista interior salta como una niña hormonada hasta los ojos. Sabe perfectamente cómo manejarme y dónde dar, me sabe a la perfección. Mi
cuerpo reacciona a su mano y ya sé que lo tengo todo perdido.

Vuelve a la carga con otro beso.

Más que un beso es una mordida, atrapar mi boca para dejarme sin aliento, morder para marcar hasta hacerme sangrar, su mano en mi garganta y la otra agarrando con fuerza mi cintura, atacando a su presa, como un animal que no quiere dejar escapar su comida, esa pasión es la que me desarma. Muerde mi cuello mientras me tira contra el coche. Ataco con un manotazo y media sonrisa, ya sabe a qué juego y voy a provocarlo, me resisto a él, no se lo pongo fácil, sé que no le gusta lo fácil. Me coge del pelo y me suelta al oído un – no te muevas más, puta- ¿pensabas que no iba a venir a por lo que es mío? – Tus cabreos me gustan, hacen que saque al animal que llevo dentro. Instintivamente abro las piernas para albergarlo sin dejar de morderlo y arañarlo.
Ambos saldremos marcados de aquí, grita y gime como un animal herido cuando hinco mis uñas en su espalda que hace que su cuerpo se tense y embista mi pelvis
con más fuerza hasta hacerme doblar la espalda sobre el capó, mientras sigue dentro de mí con fuerza. Sabe que voy a durar poco y me deja caer al suelo, no me lo va a poner fácil, quiere ver a su perra pidiendo perdón por tocarle las narices, en eso soy una experta, le encanta como le pido perdón, cuando me porto mal y yo lo disfruto. Bajo mi cuerpo a la altura de su entrepierna y mirándole a los ojos, cojo su polla con carita arrepentida y muerdo con fuerza moderada, le vuelve loco, poco durará en mis manos.

Dominar desde esa posición es fácil, mi boca hace que su cuerpo se tense y se agrande en tiempo récord, su debilidad.

Hago giros con mi lengua y sé que el final está cerca, un par de succiones con fuerza y su cabeza cae hacia atrás. Su garganta se tensa y gruñe como un animal, el calor de mi boca es su lugar favorito. Marcar a la perra es su derecho, el último grito y se vacía por completo en mí, ¡conseguido!. Con una sonrisa le planto un beso en los labios y le tiro de la mano para irnos a seguir «peleando» en la intimidad.
Ahora ya estamos bien, podemos irnos a casa, – te perdono- me suelta con una sonrisa en la cara, sabiendo que se va a llevar un puñetazo en el costado, por cabrito. Nuestras peleas siempre terminan igual. Somos dos animales que se entienden y comprenden por instintos y no hay nada más instintivo y primario que el sexo.

Nika Rojo

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