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Nuestro Primer Encuentro

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(Tercer Concurso de Relato Erótico DENTRO DE TI)

Nuestro Primer Encuentro

(Relato Número 9)

Por: De Bel

Acababa de llegar el avión y allí estabas tú esperándome, impaciente, expectante.

Habíamos hablado varias veces y por fin esta aquí el momento deseado del encuentro.
Tanto tiempo deseándolo, tanto tiempo anhelándolo. Los sueños hechos realidad. Los
cuerpos se pueden tocar, las manos acarician, las bocas besan, las miradas ya se pueden
cruzar. Tras un segundo de investigación y confirmación que los sueños se hacen
realidad, nos abrazamos, nos besamos. Son besos intensos. En ellos se pueden intuir
todo lo que hemos escrito, todo lo que hemos imaginado. Cualquiera que hubiera visto
este hecho no lo podía percibir. Solo nosotros sabemos que es lo que pueden trasmitir,
que nos dicen, como nos lo cuentan.
Salimos del aeropuerto cogidos de la mano. Hay risas cómplices, hay pensamientos solo
visibles a nosotros, hay trasmisión de energía a través de las manos. Es tarde y me
llevas a cenar a un restaurante. Estas elegante con tu vestido estampado. Se adivina un
cuerpo perfecto, bronceado por el calor del mar. De formas esculturales, de trazada
perfecta en sus líneas. Un cuerpo para el pecado, para la lujuria. Para perderse en el,
para besar, para acariciar.

Nuestros dedos enlazados mientras me sujetas con la otra mano el antebrazo.

Tu cabeza
reposa en mi hombro, tu sonrisa ilumina todo el espacio. Ya nunca olvidare el suave
tacto de tus dedos. No puedo, no debo retirar mi mirada de ti. No sé dónde voy, ¿qué
importa?
Entramos al restaurante. Es un lugar elegante, selecto. Nada más entrar se acerca un
camarero que no puede quitarte los ojos de tus pechos. Nos miramos sabedores de la
situación. Es tremendamente divertida. Nada ni nadie puede amargar este momento.
Nada ni nadie puede compartir este momento con nosotros. Es nuestro sueño, es nuestro
deseo, es nuestro.
Nos sentamos en una pequeña mesa fuera de miradas impertinentes. No te suelto de la
mano. Eso sería perder dos segundos el contacto de tu piel. No me puedo permitir ese
lujo. No quiero hacerlo.
El camarero se ha ido con la minuta escrita, con una sonrisa socarrona en los labios y
con una frustración en la mente.
Volvemos a estar solos. Volvemos a ser los dueños de nuestro espacio, de nuestro
tiempo.
Hablamos de nada, el vino es delicioso y tu estas aquí. No sabría decirte que cenamos.

No sabría donde está el restaurante, solo sé que es real.

«Oye, tesoro, voy al baño un momento. Solo será un segundo». Espero que así sea, no
podría permitir prolongar ese tiempo de espera más de un segundo. Te veo levantarte y
darme la espalda directa al baño. No has andado ni tres pasos y ese segundo ya se ha
hecho eterno. No aguanto más tiempo sin verte. La eternidad del segundo me ha
superado. Me levanto y te sigo. Nos aseguramos de la soledad del baño y entramos. Por
fin te brazo, por fin te beso. Por fin te toco.
Te doy la vuelta. Veo tu espalda desnuda. La quiero aprender de memoria. Mi mano se
desliza por toda su longitud. Adivino toda la musculatura leyendo con mis manos. Ni un
invidente podría leer mejor en ti.

Tu respiración empieza agitarse. Tus pulmones se hinchan en cada inspiración profunda.

Te levanto las faldas y pasea mis ojos por tu culo. Perfecto, redondo, carnoso,
duro. Noto tu sexo húmedo. Me llevo la mano a mi boca. Sabe a dulce, a ti. Estas
arqueada y te pesa la cabeza, cae entre tus brazos para enseñarme la nuca. Es el lugar de
mis deseos. El cuello, el nacimiento del pelo, las orejas, el lóbulo de tu oreja es como un
clítoris para morder, profanado por unos esplendidos pendientes que los hacen mucho
más deseables.
Queremos sexo, rápido, fuerte bestial. Te quiero así, tal y como estas. Entregada,
sumisa, ávida de mí. Sera rápido, será fuerte, será bestial. Ya habrá tiempo para juegos,
para risas, para preliminares estudiados durante mucho tiempo, para deseo prolongado y
satisfacción deseada. No es el momento. No es el lugar. Te penetro. Un pequeño rugido
sale de tu garganta. Es profundo, es gutural. No hay daño, solo placer contenido.
Nuestra respiración se normaliza tras unos minutos. Te arreglas en el espejo. Tu sonrisa
sigue estando allí, en el espejo, en tu cara. Envidio al cristal por poder tenerte cada
mañana mirándote. Por saber dibujar tus contornos, por poder imitar tu imagen.
Nuestro próximo encuentro ya lo estoy deseando. Será dulce, estudiado, meditado.
Llevo un antifaz en la maleta, una paleta y unas esposas. Pero eso es otra historia.

De Bel

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