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Un Café sin Azúcar

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(Tercer Concurso de Relato Erótico)

Un Café sin Azúcar

(Relato Número 2)

Por: Katalluna XXI

Estaba sentada en el bar de siempre, me acababan de servir un café solo sin azúcar.

Ella entró con paso firme y yo me quedé extasiada mirando sus sandalias de piel con tacones
altos que dejaban ver unos pies deliciosos con uñas pintadas azul marino.
Al pasar a mi lado pisó un azucarillo que había caído de mi mesa, con un crujido suave el
sobrecito explotó bajo su pié, ella miró el suelo, levantó los ojos hacia la mesa y su mirada
se clavó en la mía con dulzura y poder. – ¿Es el azúcar de tu café? –
Yo no pude contestar, me quedé con la boca abierta mirando sus labios carnosos, sus ojos
intensos y bajé la mirada a la mesa titubeando. Perdonad Señora si se os ha ensuciado la
sandalia. Ella sonrió. -Eso tiene solución. ¿Puedo sentarme?-. Sólo pude sonrojarme y
asentir mientras mi cuerpo se encendía.

Su piel desprendía una fragancia floral embriagadora, que me hipnotizaba.

Me sentía presa de su mirada.
Ella cruzó las piernas, puso el pie de la sandalia sobre su muslo y con un par de dedos
empezó a recoger el azúcar de la suela y lo acercó a mis labios. Sus dedos se quedaron a
pocos milímetros de ellos, me miró fijamente -¿te apetece?- El mundo desapareció, sólo
veía sus largos dedos impregnados de azúcar, no me lo hice repetir, abrí la boca un poco, la
punta de mi lengua lamió sus dedos con suavidad, cada vez los saboreaba más
sensualmente, más entregada. Cerré los ojos de forma instintiva para disfrutar más de ese
placer que me inundaba y estremecía. Sus dedos exploraban mi boca, mi lengua se
acomodaba y se movía para sentir esos dedos dentro de mi. Era hipnótico notar cómo ella
sacaba sus dedos y los volvía a meter otra vez dulces. Sus dedos estaban mojados,
suaves, calientes… lo mismo podría decir yo de mi palpitante vulva que hacía rato que
estaba activando mi ser.
Ese momento me pareció demasiado fugaz, la inspección duró mucho menos de lo que me
habría gustado. Ella retiró sus dedos acariciando mis labios y sin saber porque besé el
reverso de su mano.

Ella sonrió, cogió mi café y se lo bebió de un sorbo.

-A mi también me gusta el café sin
azúcar- y me susurró al oído mientras me pasaba una nota de papel -Mandame un mensaje
si quieres más-.
Katalluna XXI

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